Soy Rosa Abascal, una persona con deficiencia visual grave. Hago una vida normal, muy normal; pero por mi situación particular, debo superar algunos inconvenientes en las situaciones cotidianas. Con el breve texto que presento a continuación solo pretendo que, por un momento, te coloques en mi punto de vista; para relacionarte con las personas como yo de manera natural. Entre todos nos podemos hacer la vida más fácil.

A modo de decálogo pongo luz a pequeños, pero importantes detalles de la vida cotidiana para una persona con deficiencia visual grave. Gracias por darnos una buena mirada.

  1. Por favor no juegues a las adivinanzas: ¿Sabes quién soy? ¿Te acuerdas de mí? Preséntate con normalidad, salúdame y dime quien eres; de este modo  iniciaremos una conversación en igualdad de condiciones.
  2. No evites el saludo, puede ser breve y sencillo (“Hola Rosa”), pero es importante hacerlo con naturalidad. Es posible que la primera vez cueste más, como en cualquier situación delicada o poco familiar (un duelo, una enfermedad); pero los siguientes encuentros serán como con cualquier otra persona.

Duele mucho sentir a alguien cerca y que no te diga nada… No vemos, pero oimos, olemos, tocamos… ¡Y sobre todo sentimos!

  1. Trátame, “sin miramientos”. No somos de porcelana, no nos vamos a romper. ¡Podemos subir escaleras sin caernos, hacer la comida sin quemarnos, podemos hablar con el médico y entenderlo!

Necesitamos ayuda en algunas cuestiones, como que  nos guíen por lugares que no conocemos o que  nos lean una carta.

Pero recuerda, ¡Podemos hacer prácticamente de todo!

  1. Déjame fallar. Si algún día fallamos (rompemos algo o nos caemos o…) no tratéis de convencernos de que dejemos de hacerlo, no nos metáis miedo en el cuerpo y sobre todo no nos digáis “ya te lo dije…” Errores y accidentes los tenemos todos… ¿o no?

5. Fuera la compasión y la pena. Necesitamos que nos valoren por lo que somos y hacemos y no  solo por lo no tenemos.

6. Invítame a divertirme contigo, no restrinjáis las actividades que podemos compartir.

Podemos ir al cine, bailar hasta el amanecer, hacer windsurf, viajar… En una palabra, DISFRUTAR. Nuestra discapacidad visual, ha hecho que los demás sentidos estén muy desarrollados; y nos permiten apreciar con enorme sensibilidad los matices de cada instante.

En una barbacoa no encenderemos la lumbre, pero prepararemos unas ensaladas maravillosas y disfrutaremos del ambiente con familia y amigos.

Háblame con total naturalidad y no sufras si utilizas las palabras “mira”, “hasta la vista”, “ves”. Son  de uso habitual y así lo entendemos.

7. Ofréceme detalles, que ilustren lo que me cuentas. Si se trata de describir un paisaje bonito o un vestido precioso, cuéntanoslo con todos los pormenores para que podamos imaginarlo y  disfrutarlo plenamente.                                                  

8. Guíame de forma segura. Cuando nos acompañéis a algún lugar, no nos agarréis del brazo para dirigirnos. Lo que necesitamos es que vayáis delante, marcándonos el camino; y si nos lo permitís seremos nosotros los que asiremos suavemente vuestro brazo.

9. Avísame cuando te marches. Como a cualquiera, no nos gusta sentir el ridículo de quedarnos hablando solos.

10. Y, sobre todo, ¡trátame con naturalidad!