BREVE APROXIMACIÓN A LA BIOGRAFÍA DE CONCHA ESPINA.

Por Cristina Fernández Gallo

Concha Espina nació el 15 de abril de 1869 en Santander, en la calle Méndez Núñez y frente al mar que la acompañaría siempre y que sería escenario de muchas de sus novelas. Desde muy joven tuvo afición por la literatura, en primer lugar, por la poesía, como muestran sus primeras publicaciones en El Atlántico y en otros diarios santanderinos. Se cumplen en la actualidad aproximadamente cien años de sus primeros éxitos como escritora profesional, pues publica en 1914 La esfinge maragata, que obtiene el Premio Fastenrath de la Real Academia en 1915 en la primera ocasión en que se otorga a una mujer, y en 1920 El metal de los muertos, novela social, abierta y protagonizada por el microcosmos de la minería de Riotinto; ambas son traducidas a muchas lenguas.

Pero mucho tiempo antes, desde su primer libro de poemas, titulado Mis flores y prologado por Enrique Menéndez Pelayo, o su primera novela, la conocidísima La niña de Luzmela, y hasta su fallecimiento en Madrid el 19 de mayo de 1955, Concha Espina continuó escribiendo sin apenas interrupciones y siempre ejercitando su habilidad narrativa. Y lo hizo incluso a pesar de su ceguera en los últimos años, y gracias también a su decisión de trasladarse a Madrid para comenzar su carrera como escritora profesional con el propósito inicial de “sostener su hogar con modesto decoro”, pretensión que sin embargo la conduciría a convertirse muy pronto en una escritora de fama universal reconocida por la calidad de su narrativa, por los temas de sus novelas -casi siempre protagonizadas por mujeres- y por la riqueza idiomática de sus obras, en las que hace gala de un vocabulario cuidadosamente seleccionado acorde a cada una de ellas.

Su participación en diversos géneros literarios – poesía, narrativa, teatro, pero también artículos en prensa, crónicas, biografías o diarios-, su pasión por la literatura, su valentía para trasladarse a Madrid junto a sus hijos tras separarse de su marido – en una decisión envidiada y admirada por otros escritores locales-, sus tres viajes a América -el primero de recién casada, junto a su esposo, a causa de los negocios familiares de este a punto de la quiebra, pero los otros dos como escritora reconocidísima y profesora  invitada en universidades americanas y a la vez como representante del rey Alfonso XIII en 1927 y del gobierno de la República en el cuarto centenario de la fundación de Lima en 1935- la erigen en una escritora moderna y pionera. Fue la primera mujer que vivó únicamente de su profesión como escritora, candidata al Premio Nobel de Literatura y muy admirada por sus obras, cuya lectura actual, gracias a la modernidad de sus temas que no han perdido vigencia,  y pueden leerse ya como clásicos. Sus relatos están ambientados en distintas zonas de España, o en lugares geográficos muy distantes, de Europa o América, y varios de ellos también en Mazcuerras, la Luzmela de sus novelas, a la que regresó cada verano y tomó como fuente de inspiración para algunas de sus inolvidables obras.

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